sábado, 21 de agosto de 2010

Para Trotsky de Octavio Crivaro, el sábado, 21 de agosto de 2010


¿Y si su bramido cejara?


¿Quién alentaría

a las flores a abrirse?

¿Quién acariciaría

a dos perras galgo

que protegen

al tesoro

que las acaricia?


¿Y si su voz animal,

lírica,

esa espiral hipnótica

que convence

a mares de hombres

y montañas de mujeres,

de quedarse

con tan poco,

para lograr

un algo comunista,

decretara finalizada

su labor insurreccional?


La medianoche del siglo,

sería,

que es lo que varios añoran.


Pero su sonrisa

y su rima,

que humedecen

el sueño

de pie

de miles

de espectros sociales,

pobres en oro

y ricos en bravura,

convierten la nada

en una armada

milagrosa,

roja,

ardorosa.


Brigadas

que no conquistan,

ni saquean,

sino que dispersan

derechos y morales,

y abrazan

al soldado

vestido de contrera.


¿Quién hizo esto

por un auto,

una dacha,

un grano de oro

o un grano de sosiego?


No Rosa,

no Sverdlov,

no Vladimir Ilich.


Y ciertamente

no nuestro

Lev Davidovich,

el que perdió cuatro hijos,

al que acusaban

de frío amoral,

pero sembró dignidad

y cosechó glorias.


Ese que marcha

con el solo amor

de una compañera

mezcla de rosa y titanio,

un puñado

de incondicionales,

y papeles que

de solo leerse un poco,

bastaría para mandar

a este reino de pavos,

a una fosa

de restos fósiles.


Marcha casi solo,

y algunos prefieren

verlo como un mero

Marat caído,

mientras se rasca

la peste

que carroña su piel.


Pero lloran el temor

de que cada vez

que el cielo truena,

y se sacuden

los suelos

por el marchar

de ignorantes irredentos

con sabiduría social,

sus ideas rejuvenecen,

se visten de gala.


Ese es el temor,

que no murió

con su muerte.


Mientras,

él

mira con orgullo vital

dos olas chocarse,

dos perras correr,

mineros aragoneses rusificarse,

exiliados rusos

sostener famélicos

las banderas rojas,

libertarias,

de la revolución permanente.


¡Cuántos museos

o periódicos

o universidades,

gustarían contar

con "La Pluma"

entre sus lenguas

a sueldo quincenal!


Pero este León,

que es rey pero

no quiere corona

ni castillo,

no nació para habitar,

con el grillete del personalismo,

esa índole de

zoológicos intelectuales.


¿A qué se debe tu calma,

fiero león,

en forzoso reposo?


¿De dónde brota,

como exquisitos

manantiales de deshielo,

tu ciega y fresca

confianza?


¿En el paciente,

incondicional amor por la vida,

tal cual se da?

Sí.


¿En la desconfianza

en el porvenir

de un sistema que,

contrario al mito cristiano,

divide los panes

y multiplica la miseria?

También.


Pero ante todo,

en la ardiente certeza

de que aquellos

que duermen

en catacumbas urbanas,

que cansan sus nervios

en cuevas de hollín y polvo,

que lo único que tienen

es a aquellos que no ven,

los suyos,

que ese montón

de Espartacos dormidos,

se despojarán

de estos dudosos privilegios,

con el mismo desprecio

con que este reino

de mini déspotas y ratones,

los trata a ellos.


Porque él lo vio,

porque él ayudo

a construir ese nuevo orden

de los nadie,

por eso murió

sonriendo

y forcejeando.


Por eso nosotros

lo vemos

y por esa razón

lo viviremos.

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